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Los inmigrantes ingleses

La burguesía británica que llegó a Valparaíso vio en su nuevo domicilio una oportunidad para hacer riquezas sin perder sus tradiciones. Los barrios de la colonia eran una réplica de su tierra natal; se trajeron sus cigarros, sus ropas, el té; practicaron sus deportes y siguieron siendo lobos de mar, esta vez desde la Marina chilena. No, para ellos no era Valparaíso de Chile, sino el Valparéiso de Gran Bretaña.
 
El viento juega con la cortina blanca de una ventana. El reflejo del sol hace brillar la fachada del chalet. Es un día primaveral. En el antejardín el pasto seduce a los transeúntes con la idea de recostarse entre las flores. Desde dentro se escucha tocar un piano. Una joven se asoma a la ventana sosteniendo una taza de té. Es rubia y habla con un marcado inglés británico; pero no está en Inglaterra: esto es Pleseant Hill - como llamaba Joaquín Edwards Bello al Cerro Alegre - la pequeña Liverpool de Valparaíso.  

Apenas el Puerto abrió sus costas al libre comercio en 1811, recién alcanzada la Independencia chilena, los ingleses –que antes ofrecían sus contrabandos- comenzaron a atracar en Valparaíso. Los primeros en llegar fueron los hermanos John y Joseph Crosbies en el bergantín Fly. Traían consigo herramientas, artículos de loza, lana y algodón, con instrucción de devolverse con cáñamo y cobre. Fue el primer intercambio de lo que sería una arraigada relación comercial entre Gran Bretaña y Chile.
 
CerroAlegre
Cerro Alegre o Merry Hills como lo llamaban los ingleses

Hasta 1814 de los ocho buques extranjeros que fondearon en el Puerto, cinco eran británicos. La reconquista española frenó este movimiento, pero en 1819 ya se veían algunos carteles en inglés coronando las tiendas de las calles comerciales.
 
Son numerosos los testimonios de visitantes asombrados por el predominio de la cultura anglosajona en el Puerto. Para Gilbert Farquhar Mathison, quien estuvo aquí en 1822, si no fuera por el diminuto y mísero aspecto del lugar, un extranjero hubiera quizás imaginado que acababa de llegar a una posesión inglesa. En efecto el Cerro Alegre –más bien Merry Hill- era una especie de ghetto británico. Sus casas de madera, la mayoría de dos pisos, de impecables colores sobrios y sus jardines ornamentales, se diferenciaban de las quintas del barrio El Almendral, donde se acostumbraba tener chacras en vez de flores. En 1832, diez años después de haberse poblado el Cerro Alegre, uno de los ingleses más poderosos de Valparaíso, Joshua Waddington, lotea y pone a la venta una de sus propiedades, el Cerro Concepción, que sería habitado por ingleses y alemanes. En 1854 los británicos construirían allí la Iglesia Anglicana de Saint Paul, que hasta hoy atesora el órgano policromado donado en honor a la reina Victoria en 1901.
 
 
 
Desde las alturas de los cerros la burguesía británica podía mirar las calles del plan donde tenía sus negocios. Una de las tiendas más antiguas y exitosas fue la Casa de Londres fundada por Antonio Gibbs en 1826. Lo cierto es que los ingleses controlaron el comercio, las industrias y la actividad financiera de Valparaíso durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX.  En 1917 formaron su propia Cámara de Comercio, agrupando a las compañías y bancos de origen anglosajón. Prueba de este esplendor fue el edificio el Banco de Londres en calle Prat, que estaba decorado con bronces y mármoles importados desde Inglaterra. El Banco A. Edwards, que existe hasta hoy, partió como una agencia financiera en 1845, gracias a Agustín Edwards Ossandón, chileno de ascendencia británica. Y el Banco Anglo - Sudamericano, creado en 1889, manejaba las cuantiosas cuentas que daba el salitre. En la calle Prat se respiraba el rigor de las casas financieras. Algunas de sus fachadas siguen siendo testimonio de la opulencia de aquellos tiempos.
       
Las calles Blanco y Esmeralda eran el paseo comercial. - Aquí Leo Burnet and Co, más allá J. and A. Grogan, por allí Good Halan Cigars, acullá Crecey and Ogg Slip, Chadleers Oil and Colour Stores, Best beer and cigars of all kinds - escribiría Domingo Faustino Sarmiento en 1841, quien consideró estas calles una escuela pública de idiomas: - Pues sé más inglés ahora con todos los rótulos que he leído, que el que se necesita para usar con propiedad y pronombre, god demn.
       
En las calles se escuchaba el inglés; las rubias señoras iban a la Casa Riddell a comprar sus trajes de seda traídos de Inglaterra, luego pasaban a la Botica Londres por sus cremas y antes de guardarse en el hogar, pasaban a la Casa Loutit en calle Condell donde adquirían sus revistas inglesas preferidas.
       
Una vez en casa se procedía a tomar el té. Los ingleses de paso por el Puerto sufrían cuando eran invitados por los criollos, quienes les ofrecían yerba mate. La idea de compartir la bombilla del único recipiente de la infusión con los demás asistentes les estremecía. La sociedad porteña captó aquel desaire y decidió adoptar la tradición británica. Tomar mate pasó a ser signo de mala educación y de falta de higiene. Incluso el diario El Mercurio publicó un artículo en 1846 a favor del té, donde recalcaba que cuando se toma mate, la primera en probarlo debía ser la más anciana de la reunión, que no siempre es  poseedora de la boca más pura.
 
Los ingleses, añorando su tierra natal, en 1842 fundaron el Union Club. Allí se distraían en la biblioteca leyendo el South Pacific Mail, periódico que circulaba todos los jueves desde 1909 o fumando cigarros Capstan y West Minster Turkish en la cantina; disfrutando de una reunión social en las salas de sesiones o jugando billar.
 
Los niños de las familias inglesas iban a colegios fundados por sus compatriotas, siendo el más antiguo el Mackay School 1857 - con profesores británicos de la talla de Thomas Sommerscales, el gran pintor que se radicó en Valparaíso. El internado estaba en el Cerro Alegre y las salas de clases en la calle Santa Isabel. Además de la excelencia académica, se les inculcaba a los jóvenes el culto por el deporte: tenis, cricket, golf, rugby, hockey y por supuesto football, que se hizo muy popular entre los porteños. En 1892 se forma el Club de Deportes Santiago Wanderers, el más antiguo de Chile aún en actividad, fundado por chilenos bajo la influencia británica; en 1895 nace el Valparaíso Wanderers, formado sólo por ingleses.
 
Otra de las costumbres heredadas de los ingleses fueron las carreras de caballo a la inglesa que se hacían en Placilla, formándose en 1865 la asociación Valparaíso Spring Meeting. La forma de jugar podía ser europea, pero luego se celebraba a la chilena con fiestas campestres, comida típica local y mucho alcohol. En una oportunidad el caballo chileno Huemul le ganó al británico Kentucky y el periódico El Progreso publicó burlesco: Muchos de los más respetables ingleses de este puerto están fuertemente atacados de spleen, tremenda enfermedad de que adolecen sólo los hijos de la nebulosa Inglaterra.
 
Pero no sólo nuevos juegos enseñaron los ingleses. Conocidos como los amos del mar, fueron los maestros de las Fuerzas Navales de Chile. En 1818, cuando Manuel Blanco Encalada era Comandante General de la Armada, la mayoría de sus principales oficiales fueron ingleses. Ese mismo año llega a Valparaíso Lord Cochrane, descendiente de una estirpe de ilustres marinos ingleses. En 1819 ya estaba al mando de la Escuadra Chilena, imponiendo el implacable deber por el deber de los británicos. Bajo su mandato los comandantes de buques fueron todos ingleses, menos un norteamericano. Estos formarían familia con chilenas, dando inicio a un linaje de hombres de mar. Es el caso de Robert Simpson, quien llegó al Puerto en 1821 como teniente y que alcanzó el grado máximo de Vice - almirante; sus hijos también fueron oficiales en la Marina.
 
El gobierno chileno mandaba a hacer sus grandes navíos, instrumentos de guerra y demases a Inglaterra. La empresa Morrison and Co., asentada en Valparaíso, tenía la representación del astillero británico Armstrong, conocido por su calidad. En 1910 el gobierno de Ramón Barros Luco encargó la construcción de los acorazados Latorre y Cochrane. Incluso el uniforme de los oficiales hasta el siglo XIX era igual al de los británicos, excepto que en vez de un ojo de gallo tenía la estrella nacional.
 
Era tanto el marino inglés que frecuentaba el Puerto, ya fuera de la Armada chilena o británica, que los lancheros rápidamente aprendieron el idioma y, cuando no estaban embromando al pasante extranjero en spanglish, ofrecían sus servicios diciendo: You want boty? Me boty very fine!





BIBLIOGRAFIA
 
El esfuerzo británico en Valparaíso. Editores R. V. y V. Valparaíso, 1925
Casa Mackenzie, 1ª edición
 
Historia y leyendas desde Valparaíso. Francisco Le Dantec, Valparaíso, 1991. Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1ª edición
 
Vida, costumbres y espíritu empresarial de los porteños. Santiago Lorenzo, Harris Gilberto, Nelson Vásquez. Valparaíso, 2001
Ediciones Universitarias Universidad Católica de Valparaíso, 1ª edición
 
Memorial de Valparaíso. Alfonso Calderón. Santiago, 2001
Ril Editores, 1ª edición

Iglesia Anglicana Saint Paul en 1864
Iglesia Anglicana Saint Paul en 1864

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 























lukasingleses    Los ingleses porteños según Lukas

 

 

 







suthPacific1    Las fiestas patrias chilenas en 1924 vistas por el diario The South Pacific Mail 

 

 

 

 

 

   

 












cocrkane    El Almirante Lord Cochrane








 
 
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