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El Valparaíso gomi de Alvaro Bisama

El escritor, crítico y columnista de 33 años ya lleva a su haber cinco publicaciones y es considerado una de las jóvenes promesas literarias de Chile. Actualmente reside en Santiago, pero su punto de inicio fue Valparaíso, ciudad que plasmó en dos de sus libros, Zona Cero y Postales Urbanas, con una particular mirada que se aleja del canon acostumbrado. El suyo es un Valparaíso B, donde los góticos y punks son más reales que el patrimonio.

Ilustración: Obras de Mario –Paté- Ibarra

Lo primero que hiciste fue editar el fancine Malas Juntas

Sí, pero en general los que estábamos ahí hacíamos cualquier barbaridad, o sea, yo no editaba, yo participaba en un fancine que lo menos que tenía era un rollo porteño, al contrario, funcionaba desde el lado de la precariedad. Nosotros habitábamos una universidad, la UPLA, que en ese momento era super hippie, de izquierda, y estaba bien eso, pero cuyos bienes culturales nos parecían agotados. Entonces Malas Juntas tenía que ver con escribir de la provincia cuestiones que, justamente, no tocaran el tema provinciano: música, rock, cine… y tal vez a mí me marcó mucho eso, porque los que fancinábamos ahí, no teníamos ninguna clase de chovinismo regional, no creíamos en eso y creo que funcionaba.

¿Te chocaba el chovinismo regional?

No, me daba lo mismo. Lo que pasa es que cuando yo estudiaba castellano, si alimentabas el mito porteño podías llegar a algún lugar… era como cumplir con los deberes regionales de la identidad: venerar al Gitano Rodríguez, escuchar boleros o leer a esa suerte de poetas que escribían sobre el Puerto. A mí todo eso en realidad me daba lo mismo. Lo que decíamos nosotros era leer a Stephen King en vez de leer a Cortázar, nos parecía quince veces más atractivo porque estaba lleno de clones de Cortázar. Existía una suerte de habitar nostálgico, remanentes que tenían que ver con la época de resistencia contra la dictadura y que, en cierto modo, el año 95 o 96 estaban agotados y se habían vuelto anacrónicos, pero todavía quedaban. Yo entré a la universidad el 92 y me tocó verlo. En realidad me apestaba, me apestó siempre. Yo prefería leer a Bukowski, me parecía que podía describir el paisaje del realismo urbano porteño con mucha mayor comodidad.

Alvaro Bisama
Mapa Pernil, Oleo sobre tela, 1mt x 1.20 mts. 2003

Eso tiene que ver con lo que hablas en tus crónicas de que Valparaíso es una ciudad que está llena de mitos, pero de mitos que no tienen base

Mi tesis de la ciudad es que su imaginario quedó congelado, atrapado básicamente en tres hitos: los trabajos de Joaquín Edwards Bello; la inscripción visual de la ciudad que hicieron Carlos Hermosilla desde el grabado, Joris Ivens y Aldo Francia desde el cine; y, desde el punto de vista musical -que se unió muy bien con la película Ya No Basta con Rezar de Francia- la música del Gitano Rodríguez. Y algo pasó, que eso se quedó congelado. Hay una suerte de bohemia nostálgica que entiende el patrimonio de la ciudad, a ratos, como una cuestión super inmóvil, que no permite que la ciudad se desarrolle de otra manera que no sea una casi monumental, y en cierto modo me parece que es el fin de la ciudad.

Tú hablas de la belleza de la devastación, un Valparaíso gomi

Claro, a mí me interesa la devastación como un modo de leer esa cuestión casi finisecular. Valparaíso, el escombro, se ofrece como una cuestión mucho más contradictoria, compleja, mucho más interesante. El gomi o la basura es mucho más interesante que el cliché del viejo tocando boleros. Me refiero a los cabros chicos medios skaters, que se juntan en la Plaza Victoria, a la obra de arte del Mario Ibarra o del Luis Salas Van Der Meer. Son pintores que están trabajando desde una lógica que no va con la postal, que podría ser el opuesto, sin desmerecerlo, de lo que hace Gonzalo Ilabaca, él congela una ciudad. En cambio cuando yo veo la obra de Mario Ibarra, que junta cuatro o cinco referentes y trabaja con una suerte de poética o estética del desastre… igual que Salas Van Der Meer, que hace planos de iglesias y los pinta, trabaja con la recolección. Ahí hay una cuestión super potente que me parece que está cuestionando, problematizando, productivizando esa clase de imagen congelada.

Alvaro Bisama
Mundo. Oleo sobre tela, 1.20 mts x 1.40 mts. 2006

Cuando empezaste a escribir sobre la ciudad ¿ya sabías por dónde agarrarla?

Yo tenía muy claro que mi lectura no iba a ser la canónica, lo que me interesaba era escribir historias, lugares, escribir zonas, cosas que no iban a aparecer en esa mirada canónica.

Escribes de una ciudad sola, oscura, como el Valparaíso de Manuel Rojas

Sí. Rojas aprendió a leer la ciudad como una habitada por gente que estaba muy sola y que, justamente, se encontraba en esa precariedad. A mí me interesó volver a Rojas para deconstruir la mitología. La ciudad se ampara en una suerte de colectivo, que se encuentra en el tema patrimonial, pero cuando explota la calle Serrano, la ciudad se vuelve sola, precaria, hostil. Esa hostilidad siempre está presente en Valparaíso a modo de amenaza. Del mismo modo está latente en Viña, que es una ciudad muy kitch, de mal gusto, que está diseñada desde los estertores de una clase alta que ya no viene a Viña. En cambio, Valparaíso está diseñado desde los escombros, transforma, justamente, su propia precariedad en una cuestión casi patrimonial, y es terrible cuando eso lo empiezas a utilizar como mecanismo turístico, de legitimación, como discurso.

Al mismo tiempo elegiste retratar o viviste en ese mundo de bares under como el Klandestino o…

No, no, yo no vivo en ese mundo, al contrario, o lo vivo a ratos. Valparaíso debe ser la ciudad que tiene más góticos en Chile. Vas un día con 40 grados de calor y hay un cabro chico gótico bajando del cerro. Es una ciudad que es muy fácil que sea punk. Al lado de la pachanga que hay en Errázuriz, hay una serie de antros de contracultura o subcultura, donde aparecen instancias de resistencia a la lógica entrecomillas del patrimonio. Los stencileros y los stickeros están apoderándose de la ciudad de una manera mucho más interesante que cualquier grafitti político o mural decorativo.

Alvaro Bisama
Señales de Ruta. Oleo sobre tela, 1 mt x 1.20 mts. 2007

Los punks, los dark, los góticos, no es que tengan un ideario común sino que hablan más de una cosa fragmentaria…

Ellos son el fragmento de la ciudad, son los escombros, somatizan la ciudad de una manera que me parece mucho más real, me parece una herramienta para entender la ciudad mucho más clara que ese discurso organizado del patrimonio. Yo lo leo de ese lado, es como si ese patrimonio se hubiera disuelto, se hubiera transformado en un método para la nostalgia y, justamente, al contrario, estos cabros lo que hacen es vivir una y otra vez el presente, por medio de sus retazos. Son ellos los que están habitando la ciudad en el presente, proyectándola. Los que habitan el bicentenario no son solamente los que están hablando del cliché del Gitano Rodríguez o de Aldo Francia, es gente que habita su presente, son estos cabros, o las bandas de cumbia rock –a mí no me gustan nada- pero, en general, te das cuenta que está sucediendo algo ahí que no había sucedido antes. A lo mejor venía sucediendo desde la década de los noventa y es el saldo fragmentario, descontextualizado y profundamente confuso.

¿Qué futuro le ves a Valparaíso?

Yo creo que hay cosas buenas que están marchando. Yo creo que el futuro –de lo que yo sé- está en los trabajos que en 2007 curó Ismael Gavilán sobre poesía de Valparaíso, la obra del viejo Ennio Moltedo me parece importante, lo que pasa con Chinoy, en el caso de la música me parece interesante. Ahí hay un camino porque es justamente gente que está trabajando desde esa fragmentación, desde esa precariedad. En el caso de los pintores lo que está haciendo Mario Ibarra; él trabaja con la imagen del escombro, de la destrucción y es notable.


Alvaro Bisama (1975) nació en Valparaíso, se crió en Villa Alemana y actualmente vive en Santiago. Se tituló de profesor de Castellano en la Universidad de Playa Ancha y de Magister en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Chile. Ha ejercido como crítico literario y columnista en publicaciones como La Tercera, Qué Pasa, The Clinic y El Mercurio de Santiago.
Obras: Zona Cero (Gobierno Regional de Valparaíso, 2003); Postales Urbanas (El Mercurio-Aguilar, 2006); Caja Negra (Bruguera, 2006); Música Marciana (Emecé, 2008); Cien Libros Chilenos (Ediciones B, 2008).

Mario –Paté- Ibarra (1961), artista visual oriundo de Valparaíso, es Licenciado en Arte y Magister en Pedagogía Universitaria de la Universidad de Playa Ancha, donde se desempeña como académico desde 1998. Ha sido galardonado en reiteradas ocasiones, siendo la última en 2008 con el Primer Premio de la Trienal Territorial de Artes Visuales de la Ilustre Municipalidad de La Pintana.

Alvaro Bisama
Del aceite al espanto. Oleo sobre tela, 1.60 x 1.40 mts.1998




































































Alvaro Bisama
Por Donde Donde Comes Pecas. Oleo sobre tela, 1.40 x 1.20 mts.2000
 
 
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