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Constituyen un legado histórico y arquitectónico que le atribuyen importancia a Valparaíso.

La mayoría de las ciudades chilenas se ciñe al modelo urbano español. Es decir, la manzana cuadrada, bien definida por calles estrechas, con una gran plaza como centro de la actividad. Eso no ocurre en Valparaíso. La ciudad no cuenta con una plaza principal, sino con varias a lo largo del plan. Estas se fueron implementando a medida que la expansión urbana de poniente a oriente fue copando su estrecha geografía. Ni siquiera las grandes planificaciones urbanas tras el terremoto de 1906 le asignaron un centro definitorio. Quizá no era necesario, para un puerto que ni siquiera tuvo acta de fundación y en cierta manera, ha ido creciendo libre.

La cultura europea, tan presente en Valparaíso desde la segunda década del siglo XIX, influyó en la transformación de estos espacios abiertos en paseos urbanos. Toman así su fisonomía las plazas Echaurren, Sotomayor, Parque Italia, la Plaza de la Victoria y O’Higgins; dotadas de jardines con césped y árboles, esculturas, veredas y escenarios u odeones en algún lugar destacado. Desde entonces las plazas de Valparaíso han sido
puntos de encuentro y paseo.

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