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Tienda de antigüedades: vendiendo nostalgia

Los porteños pueden ser melancólicos, sobre todo en una ciudad cuyo patrimonio urbano llama al pasado. El negocio de las antigüedades lleva tiempo en el puerto; es el paseo de fin de semana de algunos, una tentación para otros y una forma de vivir para muchos.

Los días sábado y domingo la Plaza O’ Higgins se llena de visitantes, porteños y afuerinos, que se pasean bajo sus pérgolas fijando la vista y deteniéndose ante mesones y aceras atiborrados de objetos. Es la entretenida Feria de Antigüedades La Merced. Allí se encuentra de todo, curiosidades y objetos de valor, desde vinilos, libros de segunda mano, teléfonos, adornos, hasta muebles: espejos de pie, lámparas de lágrimas e incluso una vitrola que está constantemente tocando sus discos.

Ernesto Pinochet, junto con su socia Sara Marambio, tiene dos puestos en la feria. Hace 27 años que se dedica a esto. Me encanta, se aprende a querer las antigüedades. Vende todo tipo de cosas, tapas de sifones de estaño, herramientas, teteras, instrumentos, pocillos de cristal y revistas; dependiendo de lo que le ofrezcan sus contactos. Hace no mucho un tío de su socia, de más de ochenta años, les vendió un baúl que era de sus abuelos. Sara y Ernesto restauran, en este caso, el cuero que recubría la madera. Como también lo hicieron con la máquina de coser alemana con decoraciones de nácar, que gracias a sus arreglos volvió a tener vida útil. Antes las fábricas hacían todo tan bien que las cosas funcionan- dice Sara.

Antiguedades
Vendedores feria La Merced

También en el pasado había utensilios que hoy ya casi no existen y se echan de menos. Como la bandejita con escobilla para recoger las migas de la mesa, que Patricia Barros buscó por varios fines de semana hasta encontrar. Nunca pensé que además de útil iba a tener un objeto tan hermoso en mi comedor- dice entusiasmada. Está bañada en plata (Plata argentina se lee al reverso) y tiene grabado: “Félix y Eva”, junto a las fechas: “1901 – 1951”. También los nombres de cinco parejas que les desean felicidad ¿Sus hijos y nueras? ¿Amigos? Me encanta imaginar la historia de esas bodas de oro y me apena que los hijos o nietos hayan tenido que desprenderse del regalo. Pero me da mucho gusto que este vuelva a ocupar su sitial en un comedor.

Si la feria es un romántico y placentero panorama de fin de semana, las calles Uruguay, Independencia, Colón y Victoria tienen ya historia con las antigüedades. En estas coordenadas de la ciudad están las tiendas, que abren de lunes a sábado exponiendo sus mejores tesoros en las vitrinas. A lo largo de Uruguay, en la vereda misma, día tras día se instalan comerciantes de lo vetusto, que venden objetos de menor valor y cachureos.

Una tienda que hace honor al rubro por tener varias décadas encima es Antigüedades Lagazio, fundada en 1936. Su primer propietario, Luis Lagazio, era inmigrante italiano. Llegó con catorce años y se puso a trabajar en la Casa Ugarte, donde le enseñaron el oficio de tapicero y mueblista; luego pondría su propia tienda. El buen gusto lo llevó a decorar salones de lujo de la ciudad, cines, dependencias de la Armada y el Palacio Presidencial de Cerro Castillo. Era la tienda más fina de la época, exclusiva- dice Orieta Lagazio, nieta de Luis, quien con su padre ha seguido en el negocio hasta hoy.

Antigüedades
Antigüedades Lagazio

Si bien en los inicios vendían muebles de diseño actual, con el tiempo se fueron transformando en tienda de antigüedades, siempre, eso sí, con el sello Lagazio. Es decir, muebles y objetos selectos: relojes de péndulo, esculturas de mármol y alabastro, candelabros de plata, figuras de porcelana, cómodas peinador, armarios de caoba y hasta pianos. Todo viene de familias de aquí, de Valparaíso y Viña del Mar, que cuando tienen algo fino lo traen para acá- dice Orieta.

El caso de Traslapuerta es distinto. A diferencia de los Lagazio, para Alfredo Nebrea, su dueño, lo más valioso son las curiosidades, los objetos cotidianos, como un pasaporte antiguo, unas tijeras con forma de pájaro, una llave sinuosa; cosas que gatillan la imaginación. Su negocio queda en la esquina de Uruguay con Colón y es como una gran bodega. Tiene de todo, muebles apilados, radios viejas, roperos, vajilla, loza, monedas, estampillas, hasta el hombre de hojalata de El Mago de Oz.

En la década de los ochenta Nebrea instaló una farmacia y empezó a comprar curiosidades a los vendedores de calle Uruguay y avenida Argentina. Llegué a tener 100 lámparas de parafina y 200 servilleteros antiguos. Según dice, en ese tiempo se podía encontrar buenas cosas en la calle, provenientes de familias que se marchaban de Valparaíso o se habían empobrecido y las vendían a los feriantes. Los temblores y terremotos también aportaron al rubro, pues un juego de loza incompleto o un candelabro de cristal roto pasaban al comercio de antigüedades.

Antigüedades
Alfredo Nebrea, dueño de Traslapuerta

Llegó el momento en que la farmacia se transformó en tienda; Nebrea ya lleva 20 años comprando y vendiendo sentimientos. Así lo llama él, porque detrás de cada cosa hay una historia, ya sea de desapego, por parte de los que ceden sus pertenencias o de apego, cuando alguien encuentra un objeto que le trae un recuerdo al presente. Las antigüedades no tienen precio, todo depende del interés que tenga la persona. Pero yo tengo una norma, no miro a la cara para ver cuánto cobro, sino que tengo el precio fijado de antes.

Para Nebrea, su trabajo cobra un sentido profundo al valorizar lo que muchas veces ya era considerado basura. Todas sus curiosidades están esperando por un nuevo dueño, como ese álbum fotográfico de desnudos artísticos hecho hace más de medio siglo atrás. Cuesta 500 mil pesos y Nebrea sabe que alguien estará dispuesto a pagarlos.

Desde una perspectiva más moderna, la tienda de souvenirs La Mascarona en la subida Almirante Montt, ofrece objetos vetustos en un contexto que apuesta por la originalidad. Para su dueña, la diseñadora industrial Daniela Carrasco, el verdadero souvenir de Valparaíso son las antigüedades. Tiene como mostrador un aparador alto, de esos de antaño, con cajitas de hojalata, sacapuntas de loza y juegos de té de porcelana. Además compra cosas que encuentra en las ferias y les da un nuevo uso, pero siempre haciendo un homenaje al pasado. Como los aros hechos con esferas de relojes:- Quise resaltar su nano ingeniería; son muy complejos, hasta tienen incrustaciones en piedras preciosas.

Antigüedades
La Mascarona

Vez que puede Daniela incentiva a turistas a ir en la búsqueda de antigüedades a las calles Uruguay, Colón y ferias. Su padre le inculcó el valor de lo viejo. El es hoy el único fabricante en Chile de letreros de esmalte sobre metal que reproduce publicidad de antaño, por ejemplo, Sifones Sparklet’s y Coca- Cola Gum. Ambos, padre e hija, recurren al pasado para crear nuevas cosas, cerrando el círculo de los objetos dados de baja.

En definitiva, en Valparaíso hay una cultura de valorar lo antiguo, que va desde una escultura de mármol a una foto carnet. Puede ser por el puro gusto de coleccionar, la calidad de lo hecho antaño, por esas historias que parecieran contener los objetos o por querer proteger esa estética que habla de la fugacidad del tiempo y la cultura del desecho.


ENTREVISTAS

Ernesto Pinochet – vendedor de la Feria de Antigüedades La Merced
Sara Marambio – vendedora de la Feria de Antigüedades La Merced
Patricia Mora – compradora de antigüedades
Orieta Lagazio – dueña de Antigüedades Lagazio
Alfredo Nebrea – dueño de tienda de antigüedades Latrastienda
Daniela Carrasco – dueña de tienda de souvenirs La Mascarona


Antiguedades
Objetos antiguos


















































Antigüedades
Vinilos, en feria La Merced

































Antigüedades
Tienda Lagazio































Antigüedades
Album de desnudos en la Latrastienda





























Antigüedades
Tienda La Mascarona

 

 
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