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Cerros de Valparaíso, el paréntesis visual de la ciudad

En el curso de su historia urbana, Valparaíso ha visto poblarse sus cerros, copando un inmenso anfiteatro que tiene como escenario el mar y la propia ciudad. En sus serranías la arquitectura, vernácula y erudita, se inserta y forma parte del paisaje cultural extendido por sus innumerables pliegues.

La curiosa topografía de la ciudad se caracteriza por una reducida extensión de terreno plano rodeado por un paréntesis o herradura de cerros, que le confieren un pintoresco aspecto de anfiteatro natural. Encumbrados en ellos vive la mayor parte de la población. Sus nombres surgieron a medida que se habitaban sus laderas y quebradas, primero fueron los adyacentes al antiguo barrio del Puerto, luego aquellos que se extienden hacia el Almendral, hasta copar ambos extremos de la ciudad: Cerro Barón y Playa ancha, aunque el poblamiento ya ha sobrepasado los viejos límites, avanzando en dirección a Viña del Mar, Laguna Verde y altos del Puerto.

Como ha planteado el filólogo y lingüista Leopoldo Sáez (1), existe una divergencia entre las unidades topográficas y la toponimia con la que se les distingue. Esta translación significativa, como denomina el autor, hace en extremo frecuente que un cerro reciba dos denominaciones, es decir, que se designe a un mismo cerro dos nombres distintos o que varios cerros tengan el mismo. Por esta razón se explica que en Valparaíso algunos cerros hayan “desaparecido” y otros “aparecido”; su nomenclatura ha ido variando dinámicamente a lo largo de los años.

Así por ejemplo, Los Chaparros, Las Loceras, Atalaya, El Pajonal, Reina Victoria, entre otros, son topónimos que pocos recuerdan. Esto se debe a que los cerros de crecimiento más dinámico, como Playa Ancha, Cordillera o Barón, desplazaron los nombres de los cerros vecinos más pequeños, hasta hacerlos desaparecer. También hay que entender que la denominación del territorio está estrechamente ligada a la evolución urbana, así, a medida que Valparaíso crecía surgieron nuevos cerros en la ciudad. Por eso, la cuantificación de éstos nunca ha sido cabal y es común que haya distintas opiniones al respecto.

Siguiendo el análisis de Leopoldo Sáez, “cerro” es una noción muy poco precisa. En Valparaíso no es una elevación de tierra aislada sino una altura separada de otras por quebradas (2). La noción de cerro geográfico no coincide siempre con el “cerro” poblacional. En un cerro físico puede haber más de un “cerro” poblacional, o a la inversa, varios cerros físicos constituyen un “cerro” poblacional.   

Con todo, los cerros de Valparaíso poseen características urbanísticas y socioeconómicas diferentes entre uno y otro; sus particularidades definen unidades que pueden considerarse “barrios” propiamente tal. En ellos se distinguen sus accesos –muchos tienen o tuvieron su propio ascensor, sistema que responde a la geografía del lugar, que los conecta con el plan-, su equipamiento comunitario, miradores; en otras palabras, son unidades que tienen una vivencia de totalidad en el espacio (3).


Cerro Alegre, año 1972

Históricamente el desarrollo de la planta urbana ha respondido a un movimiento ascendente, a partir de la ocupación de quebradas y laderas, en un paulatino escalonamiento hacia las cimas, hasta alcanzar los niveles de densificación que se observan en la actualidad. Esto ha determinado que la urbe cuente con un complejo sistema de vías que bajan por las quebradas o remontan las cimas, sumado a una vasta red –en ocasiones laberíntica- de callejuelas y escaleras que comunican los principales flujos de cada cerro.

La arquitectura de los cerros despliega una variedad de recursos para relacionarse con el paisaje próximo y distante. La disposición de corredores, balcones, galerías, miradores y torreones de las viviendas serranas, forman espacios intermedios que animan su volumetría, juegan con los desniveles del terreno, y proveen la perspectiva característica de Valparaíso. Como la arquitecta Myriam Waisberg destaca, en el poblamiento de las quebradas se presentan soluciones propias de la creatividad erudita o espontánea de los porteños (4). Son infinitas las formas en que los emplazamientos se insertan con propiedad en la geografía ascendente. La edificación, casi siempre se desarrolla en varios niveles siguiendo la gradiente de la ladera, exponiendo una volumetría escalonada que va aferrándose enmarañadamente al terreno.


Valparaíso en la actualidad

Los habitantes, con el objeto de crear un terreno horizontal, han recurrido a excavaciones para ampliar las terrazas naturales, o a la construcción en voladizo sobre la pendiente y, también, en lo que configura uno de los elementos más pintoresco del paisaje, disponen una secuencia de esbeltos pilares que penetran en la quebrada, a manera de palafitos urbanos.

Por último, los paseos y miradores que engalanan las alturas de la ciudad, extienden el nexo de los cerros en el paisaje urbano. Distribuidos en el anfiteatro, los espacios públicos destacan por su condición de plataformas de observación, generando un efecto de extraordinaria autocontemplación del espacio urbano: desde cualquier punto de sus pliegues la ciudad se contempla recíprocamente a sí misma. Esto otorga una extraordinaria unidad que cobija la diversidad de sus cerros.



(1) Sáez, Leopoldo (2001) Valparaíso. Lugares, nombres y personajes. Siglos XVI – XXI. Edit. Puntángeles. Valparaíso. pp. 72
(2) Ibídem, pp. 137
(3) Kapstein, Glenda; Bernal, Juan “Valparaíso: arquitectura espontánea de los cerros”, en revista AUCA. 1968, nº 11, pp. 63
(4) Waisberg, Myriam “Génesis de la planta urbana, simbiosis arquitectura y naturaleza”, en revista CA. 2000, nº 101, pp.31
















































Playa Ancha, camino a Torpederas












































Vista del puerto, 1972
 

 
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