Desde antes de la colonia hasta hoy, Valparaíso lleva una historia marcada por el fuego. En 1851 la comunidad se cansó de aceptar las pérdidas de brazos cruzados y formó la Asociación Contra Incendios, pionera en Chile. Actualmente son 16 las Compañías de bomberos que luchan por resistir la naturaleza fogosa de la ciudad.
Es la noche del 15 de octubre de 1850 pasadas las dos de la madrugada. Las calles están desiertas y el silencio reina. En un minuto más las campanas de los relojes avisarán que ha pasado un cuarto de hora. Pero eso no será lo que despierte a los vecinos de la Calle del Cabo (Esmeralda) y de la Aduana (Prat), sino los gritos de Carmen Olivo, pues en ese momento su vivienda y cigarrería comenzarían a arder.
Fuego por ambos lados de la Calle del Cabo. Unos hombres tratando de apagarlo con una sola bomba de agua. Si no fuera por los marinos ingleses y franceses, que llegaron con mangueras de sus buques, el siniestro se hubiera expandido hacia la Cueva del Chivato (subida al Cerro Concepción). Seis horas ardió el centro comercial de la ciudad. Al otro día el diario El Mercurio titulaba:- Necesidad de bombas y bomberos. Esta no era la primera vez que los ciudadanos lamentaban sus pérdidas. Se abrieron listas para formar un cuerpo de bomberos voluntarios; más de cuatrocientos hombres acudieron al llamado. El 30 de junio de 1851 se fundó oficialmente la Asociación Contra Incendios de Valparaíso, formándose la Compañía de Hachas, Ganchos y Escaleras, la Guardia de Propiedad (hoy llamada Eduardo Farley), la 1ª y 2ª.
Quienes hicieron fila para inscribirse no fueron, como se podría pensar, los que no tenían nada que perder; al contrario, las firmas pertenecían a comerciantes burgueses motivados por el miedo de ver sus posesiones hechas añicos. El Cuerpo de Bomberos no nació como una cosa de solidaridad, sino porque si no lo hacían iban a perder todo- dice Hernán Nocetti, voluntario de la 6ª desde hace sesenta y tres años.
Muchos de los enlistados eran inmigrantes, por ejemplo, Juan Brown, Guillermo Müller y Martin Stevenson, quienes lideraron junto a José Cerveró, Nicolás Gatica y José Tomás Ramos la fundación del Cuerpo. Tanto así que a la 1ª Compañía se le conocía como la Inglesa y a la 2ª como Germana. Cada colonia formó una: los franceses la quinta en 1856, los italianos la sexta en 1858 y los españoles la séptima en 1893. Antes de que se creara la Asociación contra Incendios, existían los Zapadores Bomberos desde 1836; artesanos y jornaleros del puerto a los que la Municipalidad les pagaba dinero. Pero lo cierto es que no tenían ni la motivación ni los recursos para adentrarse en el fuego. Probablemente éstos eran los mismos que luego de formados los burgueses, trabajaban a sueldo para ayudarles con el trabajo pesado: llevar los carros –en ese tiempo carretas con baldes de agua que se tiraban con cuerdas-, las mangueras y escaleras.
Ejercicio general en 1940
Desde entonces los bomberos pasaron a ser una parte importante de la sociedad porteña. Cada Bomba con su propia personalidad: uniformes, lemas e himnos distintos, como sucede hasta hoy, excepto que antes incluso los carros de agua tenían diferentes colores. Ciertos rituales se transformaron en espectáculos solemnes para los ciudadanos, como los Bautizos de Agua que se celebran para los aniversarios de las Bombas. Los que entraron el año anterior deben ponerse unos frente a otros y lanzarse chorros de agua. O los Ejercicios Generales, en los que se simula un incendio, incluidas las hazañas pertinentes.
La tradición más peculiar son los funerales nocturnos. En 1859 la ciudad se encontraba bajo toque de queda y con prohibición de hacer reuniones públicas. Pero el bombero Domingo Espiñeira falleció y había que rendirle honor. Entonces decidieron llevar a cabo la ceremonia de noche. En silencio y portando algunas antorchas caminaron de la Compañía de Espiñeira hasta el cementerio, iniciando una práctica que sería adoptada por todos los bomberos del país.
A fines del siglo XIX se iniciaron las Competencias entre las bombas, que ya no se hacen por falta de presupuesto. Los voluntarios se acuartelaban durante un mes para un intenso entrenamiento. A Manuel Alcaide, quien entró a la Bomba Americana (1ª) en 1950 con 19 años, le tocó participar. Empezábamos haciendo gimnasia. No sabíamos qué movimientos tendríamos que hacer hasta diez días antes de la competencia- dice Alcaide. La Comandancia dictaba esos pasos que tenían como objetivo derribar blancos con chorros de agua. Pero además se debía ir cambiando y uniendo las tiras de las mangueras y pitones. Era una carrera contra el tiempo, la Compañía que se demorara menos triunfaba. Era muy bonito porque se pintaban las mangueras para que el público las distinguiera- recuerda Alcaide y agrega que además ellos lo pasaban muy bien durante el entrenamiento, que incluía espiar lo que las otras Compañías hacían.

Competencia en el Estadio Valparaíso de Playa Ancha en 1939
Hernán Nocetti entró a la Bomba Italiana en 1945 con 22 años. No fue idea de él sino de su padre, quien cada vez que había un incendio bajaba del Cerro Bellavista a mirar de cerca, encontrándose con el lugar acordonado por los carabineros. Entonces un día le dijo a su hijo:-
Tienes que hacerte bombero, así me pasas tu placa y yo paso la barrera. Dicho y hecho. Ocho años después, Nocetti, viviría uno de las peores catástrofes de la vida del Cuerpo: el incendio y explosión del 1º de enero de 1953.
Esa noche él estaba de guardia en la Sexta cuando sonó la Alarma General. La barraca Schulze de calle Brasil se estaba incendiando. Apagaron el fuego rápidamente, pero nadie podía prever lo que pasaría: detrás de la barraca, por calle Blanco, en el patio de la Dirección de Vialidad había un camión con dinamita, junto a tambores de bencina y alquitrán. Probablemente una bengala prendió el polvorín. Fue igual que ver el hongo de la bomba atómica en Hiroshima. Los que estaban del lado de Blanco murieron. Para su suerte Nocetti estaba en la calle Brasil, y sólo quedó con problemas al oído. La baja fue de treinta y seis bomberos; hubo Compañías que perdieron a toda su juventud.
Hoy día, según Manuel Alcaide de la 1ª, la mayoría de los incendios estructurales se producen por un mal estado de las instalaciones eléctricas. Hay una gran cantidad de edificios que datan de 1908 y 1910. Son edificios grandes, si se produce un cortocircuito el incendio es de proporciones gigantescas. Darío López, director actual de la Bomba Americana, agrega que esas construcciones hoy están parceladas en varias viviendas, lo que agrega el peligro del sobrecargo de enchufes.
La situación del Cuerpo de Bomberos desde sus décadas primerizas a la actual ha cambiado mucho. Para empezar, la ropa con que trabajan es muy distinta:-
Antes se usaban unos pecosbil (jeans), una camisa cualquiera, unos bototos y una cotona de hule. Cuando había mucho humo mojábamos una toalla y entrábamos. Ahora se usa la esclavina, que es una malla contra el fuego, y un equipo de respiración automática porque los materiales con que están hechas las viviendas tienen muchos químicos- cuenta López.
Carro Centenario de la Primera Compañía, 1951
Otra diferencia es la falta de interés de los jóvenes de hoy. López, que entró en 1962, dice: nosotros entrábamos por la adrenalina; no existían los deportes extremos en esa época. Hoy no los puedes motivar por ese lado. Y Alcaide, dice que se ve muy distinto desde afuera, y que una vez dentro se le toma cariño a la Compañía:- Nos sacamos la mugre por ella. ¡Porque somos primerinos y vamos a morir primerinos! Y para nosotros es la mejor Compañía. Por supuesto todas son las mejores para sus voluntarios. Ese espíritu bomberil tiene que ver con un sentido de pertenencia y tradición, que es cada vez más escaso.