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Valparaíso mi Amor



La caída de Valparaíso

El siglo XX golpeó a la ciudad varias veces y de distintas maneras: crisis económicas, cambios internacionales, emigración de quienes habían liderado su emprendimiento y finalmente, pobreza.
 
1969. Aldo Francia estrena su película Valparaíso, mi amor. El film comienza con el arresto de un hombre y sus hijos por tratar de robar ganado. Los carabineros van a dejar a los niños a su casa en el Cerro Cordillera. La pobreza es evidente. Viviendas de latas y tablones de madera con suelos de tierra. La cámara de Francia se atreve a enfocar el lado “feo” de la ciudad. Ya no el esplendor decimonónico de las crónicas de Mary Graham, ya no la vida bohemia y los cabaret, sino la realidad de muchas familias porteñas. Un Valparaíso sin esperanzas.  
 
¿Cómo llega el Puerto a esto? Son varios los momentos de crisis que lo anticipan. Paradójicamente, para explicarlo hay que retroceder al comienzo de su auge: 1870. Ese año Valparaíso sufrió una fuerte crisis comercial. Europa estaba viviendo su desarrollo industrial y por ende, funcionar en el mercado mundial exigió manejar más capital, dinero que el empresario porteño no tenía. En paralelo se instalaban en Valparaíso los inmigrantes extranjeros, en su mayoría británicos, levantando empresas, bancos, industrias y negocios. Pero las ganancias no se invertían en la ciudad sino que eran llevadas a sus países de origen; parte del lujo que se veía en las calles del Puerto era prestado. De esto los porteños no se percatarían hasta mucho después, cuando los extranjeros comienzan a retirar su capital tras el estallido de la 1ª Guerra Mundial en 1914.
 
El segundo antecedente tiene que ver con el desarrollo de otro puerto en la región, San Antonio. En 1911 se inaugura una línea férrea que lo conecta directamente con Santiago; si desde la capital el viaje a Valparaíso era de tres o cuatro horas, el recorrido hasta el nuevo puerto tomó sólo una. Lentamente, Valparaíso pierde su título de “Puerto de Santiago”. Ya para 1980 sería evidente: San Antonio sobrepasa en movimiento portuario a Valparaíso.

 Canal de Panamá
Exclusa superior durante la construcción del Canal de Panamá

El hecho que más comúnmente se vincula con el decaimiento del puerto de Valparaíso, es la apertura del Canal de Panamá en 1914. Sin embargo, fue la consecuencia de un fenómeno más amplio. En 1869 se termina de construir la línea férrea que uniría la costa este de Estados Unidos con la oeste. El inmenso país del norte comienza a crecer hacia su interior, generando más mercados, y los europeos paulatinamente van concentrando sus negocios en Estados Unidos. Si antes a Valparaíso llegaba mercancía extranjera que era repartida por Sudamérica, ahora esa carga en su mayoría iría a parar a la costa oeste de Estados Unidos. Pero el FFCC era aún demasiado lento, necesitaban una ruta más expedita. Es entonces cuando se crea el Canal de Panamá.
 
En 1929 la economía mundial sufrió un fuerte revés, luego de quebrar la Bolsa de Nueva York. Chile fue uno de los países más afectados, dada su condición de mono productor de salitre. Los mercados se cerraron y no había posibilidad de recibir insumos extranjeros. Comienza la política del auto sustento, el desarrollo hacia adentro: nada entra y nada sale. Por lo tanto, un bajo movimiento en el Puerto y el fin de las riquezas del salitre: ya no había quien comprara, entre otras cosas, y aparece el salitre sintético.

Santiago
Santiago 1950
 
A los cambios económicos siguieron los sociales. A partir de 1950 muchos porteños emigran hacia la capital del país. Y con ellos empresas bancarias, industriales y de servicios. En Santiago estaba el aparato del Estado, los empleos que de él derivan, las universidades, las Fuerzas Armadas, las industrias y buenas vías de comunicación: el FFCC y las carreteras. Valparaíso, al estar tan cerca de la capital, fue absorbida por ésta. Las familias de la elite porteña, como los Foxley, Alessandri, Solari, Edwards y Lyon partieron. Los emprendedores burgueses del Puerto ya no querían hablar más de negocios, sino de política. Quieren refinar sus intereses y ser parte de la aristocracia santiaguina. A partir de los 60 la clase alta y media de Valparaíso emigra también hacia Viña del Mar. Para el historiador Ricardo Iglesias, todo esto tuvo un efecto muy negativo:- Si hoy a Valparaíso le cuesta surgir es porque no tiene una fuerte elite.
 
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El  estero Marga Marga, Viña del Mar década del 60 - Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar
 
Hasta entonces la ciudad había podido mantener su identidad de puerto. Aún había mucha gente trabajando en él. La declinación financiera y comercial se hacía cada vez más evidente, pero seguía en pie una fuerte actividad de servicios orientada al comercio interno. La vida bohemia gozaba de su esplendor. Si bien menos barcos atracaban en la bahía, los que lo hacían se quedaban por días en el Puerto, dándole vida y manteniendo su impronta cosmopolita. No es menor que en las siguientes décadas, a pesar de una decadencia en aumento, la ciudad sea escenario de la inspiración de artistas como el poeta Pablo Neruda, el documentalista holandés Joris Ivens, el cineasta viñamarino Aldo Francia y el dibujante porteño Lukas, Renzo Pechenino.
 
De 1973 a 1989 el país estuvo bajo el régimen militar de Augusto Pinochet. Luis Arredondo, residente del Barrio Puerto y entonces de 23 años, había vivido desde niño los mejores años de la bohemia de bares, restaurantes, boites y casas de remolienda. El 11 de septiembre, día en que los militares se tomaron el poder, Arredondo abrió la puerta de su casa a las siete de la mañana y se encontró con un grupo de marinos merodeando el sector. ¡Cierre la puerta y no salga!- le gritaron. La Plaza Echaurren y sus alrededores tomaron otro tono.  Con el toque de queda pasó que los negocios cerraban justo a la hora y la gente que salía quedaba en la calle y a todos se los llevaban los carabineros.
 
La bohemia nunca tuvo color político en el Barrio Puerto, pero de todas maneras las personas tenían miedo y hubo quienes se fueron para no volver más. Los bares y restaurantes cerraron poco a poco por la falta de clientes. Más aún durante la década de los ochenta, en que los turnos de los trabajadores portuarios se vieron reducidos y los barcos ya no recalaron por semanas sino apenas un par de días.
 
Luis Quioza, porteño de nacimiento, fue trabajador portuario desde 1942. Tenía quince años y partió pintando buques. En 1972 entró al Sindicato de Estibadores. En el Puerto cada uno hacía su trabajo: el estibador en el barco sacando cargas, el movilizador recibiéndolas en el muelle, el embalador en las bodegas fiscales y el marino de bahía. Los roles estaban bien definidos. Pero a partir de septiembre de 1973 eso cambió. Los interventores del Puerto empezaron a ofrecer veinte mil pesos a quien entregara su matrícula de trabajador del puerto. Yo nunca quise entregarla. Te daba derecho al trabajo y cualquier reclamo era respetado, sin ella no valías nada. El puerto comenzaba a preparar su modernización.
 
A finales de los 70 las grandes compañías navieras como la Sudamericana de Vapores, la Grace y la A. J. Broom tomaron a personas, como sesenta cada una y dejaron a los sindicatos casi pelados. Los que no aceptaron unirse quedaron sin trabajo. Después las empresas empezaron a reducir personal. Si antes nueve hombres recibían las cargas, ahora sólo lo hacían dos. Además se perdió el respeto por el oficio de cada uno: a todos los mandaban a barrer.
 
En 1982 otro tipo de golpe remecería al país y a la ciudad: la crisis económica. Hubo una recesión mundial que en lo local significó el cierre de muchas industrias y el traslado a Santiago de otras tantas, como la refinadora de azúcar, Crav y Hucke, la fábrica de golosinas. Esto sucedía a un año de que el Puerto se modernizara, rompiendo con la cadena humana de trabajadores que hasta entonces se necesitaba para su funcionamiento. El circuito se había reducido a embarcación – grúa – conteiner - camión.
 
Luis Quioza se encontró con un viejo conocido, que era asesor de una de las compañías navieras que le dijo:- ¿Por qué no se va a trabajar conmigo? Si trabajaría arriba del buque no más, no en el muelle. Yo le dije- Mañana le respondo- y nunca lo hice. No acepté, porque sabía como era la cosa. Antes la carga venía a granel, necesitabas dos hombres para bajar un saco de azúcar. Después todo venía en container.

La ciudad se vio altamente afectada por la modernización del Puerto y la crisis económica. Si había un 25% de desempleo en el país, Valparaíso llegó a tener uno de los mayores índices. Era una ciudad triste -dice el historiador Iglesias, desde su experiencia como porteño-. Las grandes construcciones del Valparaíso histórico terminaron en garajes o en estacionamientos. Había mucho abandono. Ya el Gitano Rodríguez había cantado en los sesenta: Porque no nací pobre y siempre tuve un miedo inconcebible a la pobreza. En los ochenta ese temor tuvo un real asidero: Valparaíso tocó fondo.
 
Eliana Vidal fue testigo de ello. Porteña de crianza y activista de vocación, tuvo que partir al extranjero debido al Golpe de Estado. En noviembre del 84 estaba de vuelta: quería volver a Valparaíso, no a Chile. Todos los porteños en el exilio cantábamos “del Cerro los Placeres, yo me pasé al Barón…”, hacíamos grupo aparte. Una vez en su ciudad recorrió todos los cerros. La vio más pobre. A la semana ya estaba buscando una organización social en la que hacer algo. Y se encontró con los Talleres de Aprendizaje que organizaba el Programa Interdisciplinario de Investigación de la Educación –PIIE- en el Cerro Placeres. Se fue a vivir para allá.
 
Los talleres habían partido a finales de los setenta con fondos enviados desde Inglaterra. Eran dirigidos a niños y niñas de siete a once años que no iban a la escuela por problemas socioeconómicos, o lo hacían muy irregularmente. En general ambos padres trabajaban, muchos en la pesca y las mujeres en los espineles; los niños pasaban todo el día jugando en la calle. La idea era darles herramientas para tener confianza en sí mismos, lo que redundaría en mejores resultados cuando volvieran a la escuela.
 
En 1986 hubo un temporal; una semana de lluvias. Se hizo un catastro de las familias que habían sufrido más daño. Eliana Vidal participó en el censo: nos encontramos con que había personas durmiendo en hoyos del cerro. Y las casas que estaban más mal no eran a las que se les había caído una pared, sino que a las que sólo les quedaba una.
 
Las ollas comunes se formaron alrededor de 1985; la primera en el patio de la casa de su dirigente, llamada María. Una choza con tablas, ramas y ladrillos de barro; afuera un tambor, una especie de horno para hacer pan. Se cocinaba todos los días. A veces conseguían alimentos de los almacenes “amigos”, otras veces compraban con dinero que reunían haciendo rifas o que les mandaban exiliados originarios del Cerro Placeres. Por lo general asistían cincuenta personas por día, vecinos del barrio.
 
Las ollas comunes se disolvieron a principios de los noventa, con el retorno a la democracia. Pero Eliana recuerda que la gente tenía mucho más hambre que durante la dictadura. En dictadura se recibía ayuda, la gente mandaba plata.
 
De principios de los noventa hasta hoy Valparaíso ha bajado su tasa de desempleo. Aún hay bastante pobreza, pero existe una mayor preocupación por la ciudad y sus habitantes. La voluntad manifiesta de autoridades y de la comunidad porteña porque Valparaíso salga adelante.




BIBLIOGRAFIA
 
Postulación al Patrimonio de la Humanidad de Valparaíso ante la Unesco

ENTREVISTAS
 
Ricardo Iglesias, historiador, profesor Universidad Católica de Valparaíso
Luis Arredondo, vecino del Barrio Puerto
Luis Quioza, ex trabajador portuario
Eliana Vidal, vecina del Cerro Placeres

Estación de trenes de San Antonio - 1950
Estación de trenes de San Antonio - 1950
San Antonio
Puerto de San Antonio hoy






































CANALpanama
El Canal de Panamá en 1914


























































 

 






BARbohemialukas
Bar de la bohemia porteña según Lukas - aporte Fundación Lukas

 



 


Trabajadores Portuarios
Trabajadores portuarios, años '70

 


















trabajadores Portuarios
Faenas portuarias, 1980







Vagancia
Pobreza en las calles porteñas, década de los '80

 
 
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