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Vivencias de una postulación histórica

Agustín Squella Narducci

Cada vez que un Estado postula algún sitio a ser inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial, tiene que probar de algún modo que el bien propuesto posee realmente valor para toda la humanidad, lo cual significa que cada postulación deba sustentarse en un expediente cuya preparación ha de ser atendida cuidadosamente.

Así, el primer expediente de postulación en el caso de los barrios históricos de Valparaíso, de 1999, tuvo deficiencias que obligaron al Estado de Chile a suspender su tramitación y a iniciar un nuevo proceso, el que se materializó en la presentación de un también nuevo expediente, en enero de 2002, en cuya preparación tuvieron una participación especial la Unidad Técnica del Patrimonio de la Municipalidad de Valparaíso, a cargo de Cecilia Jiménez, el Consejo de Monumentos Nacionales y la arquitecto del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Loreto Torres. Esta última destacó por su entrega a la preparación del nuevo expediente, su conocimiento del tema y la prolijidad de su trabajo. Las mencionadas deficiencias del primer expediente, así como la positiva evaluación del segundo, estuvieron a cargo del Consejo Mundial de Monumentos y Sitios –Icomos- que es la organización no gubernamental a cargo de evaluar e informar las postulaciones al Comité del Patrimonio Mundial.

La más difícil de nuestras postulaciones de sitios ha sido la de Valparaíso, porque no se trataba de un bien cultural o de un paisaje cultural acotado y relativamente fácil de conservar, como el Parque Nacional Rapa nui, ni de 16 bienes fijos como las iglesias de Chiloé, sino de barrios densamente poblados del plan y cerros de una ciudad viva, enmarañada y difícil como es Valparaíso. Además, sabíamos que en su reunión de 2003, que se celebraría en Beijing, el Comité del Patrimonio Mundial examinaría sólo 30 postulaciones, de manera que la primera tarea era conseguir que el expediente de Valparaíso quedara entre esas 30 postulaciones, cosa que finalmente se consiguió.

 La postulación de Valparaíso se fue afirmando poco a poco y llegó finalmente bien al Comité del Patrimonio Mundial de UNESCO, en manos de la entonces Ministra Mariana Aylwin, quien entregó personalmente en París el expediente al Director General de UNESCO, Koichiro Mansura, y al Director del Centro de Patrimonio Mundial, Francisco Bandarín. Poco tiempo después de entregado el expediente, el Director General de UNESCO visitó Chile y se agendó una reunión con el Presidente. “¿Qué le regalamos?”, me preguntó éste, y yo pensé de inmediato en el libro Valparaíso de Pablo Neruda, ilustrado por Sergio Rojas, que había sido editado por la Universidad de Valparaíso en mis tiempos de Rector. Pero la edición estaba agotada y tuvimos que valernos de un ejemplar que una amable secretaria de la Rectoría de esa universidad había conservado en perfecto estado. Así son siempre las cosas en Valparaíso, difíciles, inesperadas, pero siempre pueden ser salvadas con la complicidad de sus buenas gentes.
 La sede de la XXVIII Reunión Anual del Comité del Patrimonio Mundial, correspondiente a 2003, no tuvo finalmente lugar en Beijing, sino en París, por culpa de la gripe asiática. Se celebró entre el 30 de junio y el 5 de julio del 2003, y a ella asistieron personas claves de la postulación: el Alcalde de Valparaíso de entonces, Hernán Pinto, el Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, Ángel Cabeza, el nuevo representante ante UNESCO, Alejandro Rogers, y el Embajador de Chile en Egipto y experto en el tema, Samuel Fernández.

El lobby fue intenso y había comenzado en verdad mucho antes, gracias a una inteligente y perseverante acción de la Cancillería, encabezada por la propia Ministra de Relaciones Exteriores Soledad Alvear, el Embajador Pedro Oyarce y el Jefe de Agencias Especializadas, Waldemar Coutts.

Aún recuerdo un almuerzo que la Ministra ofreció en los salones de la
Academia Diplomática a los embajadores en Chile de los 21 países que integraban entonces el Comité del Patrimonio Mundial, ocasión en que ella explicó en detalle los fundamentos y alcances de la postulación. Esos mismos embajadores fueron más tarde invitados por la Ministra, una vez conseguida la inscripción de Valparaíso en la Lista de Patrimonio Mundial, a un nuevo almuerzo, esta vez de celebración y agradecimiento, que tuvo lugar en los soleados comedores del Restaurant Turri de Valparaíso.

Puedo contar ahora que el día en que el Comité votó por unanimidad a favor de la inscripción de Valparaíso como sitio del patrimonio mundial, mantuve mi celular abierto en espera de la llamada que me haría Ángel Cabeza desde París. Recuerdo que era miércoles y que minutos después de las 2 de la tarde, luego de cumplir mis funciones como Juez Árbitro de Valparaíso Sporting Club, entré al bar del recinto de socios del hipódromo, inquieto por la falta de noticias. Mi celular había sonado un par de veces, pero la llamada no entraba. Y fue en ese momento que el concesionario del bar, Ricardo Quiroz, al ver mi expresión preocupada, me preguntó qué pasaba. Le expliqué y él sonrió ampliamente y me dijo: “Tío, de qué se preocupa. Acaba de hablar la Ministra Alvear por televisión diciendo que a Valparaíso le fue bien”. No acostumbro beber a esa hora del día, pero pedí de inmediato un pisco sour doble.

En el caso de Valparaíso, el Comité del Patrimonio Mundial consideró que cumplía con el criterio de ser “un testigo único, o por lo menos excepcional, de una tradición cultural o de una civilización viva o desaparecida”. Concretamente, se estableció que “Valparaíso es un testimonio excepcional de la fase temprana de globalización de avanzada del siglo XIX, cuando se convirtió en el puerto comercial líder de las rutas de la costa del Pacífico en Sudamérica”.

Plaza Sotomayor
La celebración en la Plaza Sotomayor - Aporte El Mercurio de Valparaíso

El día que Valparaíso fue declarado patrimonio de la humanidad se bailó y cantó en las calles de la ciudad. Salieron los colegios con sus bandas y se instalaron frente al municipio. Recuerdo especialmente el abrazo que nos dimos en plena calle Condell con Myriam Waisberg, auténtica pionera e inspiradora permanente de la postulación. Mientras el Alcalde Hernán Pinto daba una tele conferencia desde París, el Ministro de Educación Sergio Bitar llegó hasta el municipio porteño para felicitar a la ciudad y sumarse a la celebración. Carlos León Pezoa, poeta e hijo del inolvidable escritor porteño, Carlos León Alvarado, se me acercó también en la calle y, sin decir una sola palabra al respecto, creo que ambos deseamos en ese momento que su padre estuviera vivo, aunque lo más probable es que no se hubiera movido de su mesa en el Café Riquet, donde concurría casi todas las tardes a charlar con los amigos que llegaban a verle. Es probable que se hubiere mostrado incluso algo indiferente ante el hecho que en ese instante celebraba toda la ciudad y dicho algo así como “Pero si Valparaíso ha sido siempre patrimonio de la humanidad”.

Días más tarde hubo una celebración en grande, en el Museo Lord Cochrane, con su gran vista sobre la bahía y la Plaza Sotomayor, donde una multitud se congregó justamente a lo que se debe hacer en estos casos – cantar, bailar, beber -  mientras un espectáculo de fuegos artificiales iluminaba el cielo de Valparaíso como noche de año nuevo. Sólo cuando Santiago Wanderers ha sido campeón de fútbol profesional se ha visto tanta y tan enfervorizada gente en las calles de Valparaíso. Era una noche helada, recuerdo, pero nadie sintió nada parecido al frió. Muchos niños iban montados sobre los hombros de sus padres, mientras la visión de los fuegos artificiales devolvía algo de luz a los ojos velados de esos hombres y mujeres viejos con que uno se topa a diario en las calles y cerros de la ciudad.

Por esas cosas de la vida, justo un año después iba a producirse la crisis municipal de Valparaíso, algo que canceló las celebraciones, aunque la verdad es que, transcurrido ese tiempo, lo que correspondía en propiedad eran las evaluaciones. Y así se hizo, por ejemplo, al interior del Comité de Sitios Chilenos del Patrimonio Mundial, creado por decisión presidencial en 2003 para coordinar a los organismos públicos que tienen ingerencia en los planes de manejo de nuestros sitios inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial, para revisar y actualizar la lista tentativa de nuevos sitios chilenos a ser postulados como patrimonio de la humanidad, y para ordenar también los procesos de las nuevas postulaciones que se decidan.

La preocupación por el tema de los sitios del patrimonio mundial se expresó también en la exitosa postulación de Chile, a fines de 2003, a ser uno de los 21 países que integran el Comité del Patrimonio Mundial de UNESCO. Haber sido elegido para tener allí un asiento no es sino el resultado de una política patrimonial firmemente impulsada durante el último quinquenio. Sin embargo, todos estos logros no deben ser vistos como condecoraciones, sino como expresión de las cada vez mayores responsabilidades que Chile asume en esta área. Una política y unas responsabilidades que tienen que guardar cada vez mayor coherencia con los recursos públicos y privados que se invierten en nuestro patrimonio cultural y con el necesario reforzamiento de los organismos técnicos que dentro del Estado cumplen funciones patrimoniales.

En el caso de Valparaíso, la situación es particularmente delicada, por la complejidad que tiene el manejo del sitio y por la amplitud de éste. La evaluación que puedo hacer un año y medio después de obtenida la nominación está por debajo de lo esperado, quizás porque en el caso de Valparaíso partimos con demasiadas carencias que enfrentar. Pero el tiempo corre y resulta indispensable crear institucionalidad a nivel local para el tema y tener mayor claridad en lo que deba ser el plan de manejo del sitio y de su zona adyacente. Hay una denominada Lista de Peligro del Comité del Patrimonio Mundial, en la que pueden caer los sitios que no hayan cumplido con los deberes que impone la decisión de involucrarlos en la lista del Patrimonio Mundial. Los barrios históricos de Viena, a raíz de equivocadas decisiones del aludido Comité, es revocable, es decir, un sitio puede salir de la nómina del patrimonio mundial si, luego de haber caído en la Lista de Peligro, no remedia los errores u omisiones en que hubiere incurrido.

Pocos días antes de asumir como Alcalde de Valparaíso, Aldo Cornejo declaró que el patrimonio cultural de la ciudad, en especial la gestión del sitio inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial, constituiría una prioridad de su gestión, lo cual ha quedado de manifiesto luego de pocos meses de iniciada la gestión. En diciembre de 2004, en un seminario sobre el tema, expertos de Icomos Chile y del Consejo de Monumentos Nacionales a nivel local alertaron también sobre el déficit de cumplimiento de los deberes que trajo consigo dicha inscripción, y el desafío actual para la ciudad es articular y coordinar esfuerzos públicos y privados en el campo patrimonial que han estado dispersos, perdiendo así parte de su eficiencia e impacto. Además, y atendida la polémica que encendieron palabras de la actual Presidenta de Icomos Chile en diciembre de 2004, que sugerían poco menos que Valparaíso estaba a punto de perder su condición de patrimonio de la humanidad, vale la pena insistir que en este tema no puede haber actores a los que se les hace responsables de todo – generalmente del sector publico -, mientras otros – por lo común del sector privado o de las ONG – se limitan a tareas de vigilancia y denuncia, que son siempre las más fáciles y las que más atraen a la prensa. No es justo, ni tampoco beneficioso para nadie, que mientras organismos municipales o ministeriales trabajan como pueden en materia patrimonial, organizaciones privadas de interesados o de expertos en la materia se sienten en la vereda del frente únicamente para vociferar acerca de los lento y mal que a su juicio van los trabajos. Sí, en el caso de Valparaíso, a un año de su inscripción, el cumplimiento de las tareas patrimoniales se encontraba por debajo de lo debido, pero de lo que se trata ahora es de revertir esta situación lo más aceleradamente posible, merced a un trabajo asociado y compartido.  


 

(*) Agustín Squella Narducci. Abogado y periodista, Doctor en Derecho y Profesor de Introducción al Derecho y de Filosofía del Derecho en la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales Fue Rector de la Universidad de Valparaíso entre 1990 y 1998. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Columnista de El Mercurio de Santiago y colaborador de El Mercurio de Valparaíso. Fue asesor del Ex Presidente Ricardo Lagos. Ha publicado, entre otros, los libros Derecho desobediencia y justicia, Estudio sobre derechos humanos, Derecho y mora, Andrés Bello y la educación, Astillas y Norberto Bobbio: un hombre fiero y justo. Se desempeña como Juez Arbitro en el Valparaíso Sporting Club y es integrante del Directorio Nacional de la Cultura y las Artes.

   
 



Celebración
Celebración frente al Municipio - Aporte El Mercurio de Valparaíso















Squella
Zona declarada Patrimonio de la Humanidad












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Las fichas de clasificación









































































Celebración
Celebración con fuegos artificiales - Aporte El Mercurio de Valparaíso










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Plano de clasificación de inmuebles











































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