Manuel tiene 36 años, nació en Santiago y trabajó ocho años en un laboratorio farmacéutico, desde donde obtuvo una beca para estudiar fotografía en el Foto Cine Club. Actualmente es fotógrafo minutero y participa del Centro de Artesanos del Patrimonio en Valparaíso, organización comunitaria que se formó a partir de un taller dictado por especialistas italianos. La historia de Manuel está marcada por un hilo conductor misterioso; así empezó a acercarse a la fotografía.
Un día voy saliendo a La Vega. Había un fotógrafo que vivía cerca de mi casa, el maestro Lagos. Estaba botando su cámara de cajón a la basura. La estaba sacando para que se la llevara el camión de la basura y ahí se la pedí y comenzó todo el camino. Empezar a investigar cómo funcionaban estas cámaras y ver cómo sacar adelante un proyecto de recuperación del oficio de fotógrafo. Entonces me di cuenta que necesitaba tirarme el salto y ahí empecé a venir acá a Valparaíso, a recuperar el oficio de fotógrafo. Empecé a ver que ya no existía el fotógrafo de plaza como personaje. ¡Claro! y ahí se me ocurrió venir y recuperarlo. Además, como Valparaíso se denominó Patrimonio de la Humanidad…
Procuro recuperar los personajes típicos, ese es mi fin. Y no sólo recuperarlos, sino que se valoren, se valore el trabajo, el oficio. Yo soy joven y tengo la posibilidad de "patalear", de salir y pelear y discutir, ir a eventos, ir a reuniones, ir al Consejo de la Cultura, tocar puertas, exponer mi situación. Pero hay abuelos que hacen o que hicieron este trabajo que ya no tienen las fuerzas y ya nadie los respeta y se les excluye.
La gente es la que me ha comentado que existía un fotógrafo en la Playa Las Torpederas que tenía un telón de fondo con una avioneta despegando, porque ahí existía una pista de aterrizaje. La gente se colocaba dentro de ese telón y sacaba sólo su cabeza para la foto. O que había otro que recorría las playas de la Caleta Portales con la cámara al hombro e iba gritando "arretetre", "arretetre", en francés.

Manuel retratando al Ex presidente Ricardo Lagos y Sra.
Yo veo a Valparaíso peleando constantemente e inventándose siempre. Lo veo próspero. Veo que hay una intención en la gente de sacar adelante su ciudad y cada uno quiere hacer su aporte. Ahora hay que buscar los canales donde se concretice ese aporte, la gente está en eso. Yo veo a mis vecinos. El barrio donde vivo es un barrio alejado de todo el tema del turismo, todavía es gente de la comunidad misma. Eso me permite ver que hay una preocupación de los vecinos por barrer sus veredas, por ir arreglando sus fachadas, por hacer más próspero su entorno.
Me atrae la diversidad cultural y social que existe en esta ciudad. O sea, como yo vengo de Santiago, conozco otra realidad social que es súper dura y excluyente. Acá en Valparaíso existe la posibilidad de que confluyan todas las clases sociales en el plan. Acá espacialmente se da para que todos confluyan y participen de una vida cotidiana, una vida ciudadana conjunta, que es mucho más rica.
Valparaíso tiene la capacidad de acoger a todo el mundo y de buscar debates respetuosos. Según las investigaciones, en Valparaíso se creó la primera organización comunitaria, o sea, la primera junta de vecinos se funda en Valparaíso, eso le da una característica. El ciudadano en Valparaíso tiene una conciencia social, una conciencia de responsabilidad social, una necesidad de hacer su aporte al entorno, diferente al resto del país. Y el empeño del porteño es el que ha sacado adelante esta ciudad. Yo creo que es eso lo que se premia, la conciencia y el orgullo que siente cada personaje de Valparaíso al ejecutar su trabajo. Desde el caballero que vende las leyes en el reloj Turri en su carro de supermercado hasta el que vendía turrones. Eso le vale a Valparaíso ser Patrimonio de la Humanidad. Hay escenas súper lindas con las que uno se cruza en Valparaíso cotidianamente; como el otro día, que vi a un caballero que iba con dos burros y en uno de los burros llevaba a un niño sentado -muy chico- y llegó a tomar agua a la fuente de Neptuno, que está ahí en la Plaza Aníbal Pinto. Entonces, todo ese tipo de cosas son llamativas en esta ciudad. Porque esa es la parte más urbana y más central de la ciudad; entonces, que llegue una pareja de burros a tomar agua ahí es como que te lleva a otra época. Eso es lo que hay que mantener. Ese espíritu, el respeto por el otro, no de exclusión, sino de respeto porque cada uno se realice con lo que tiene.
http://fotografominutero.blogspot.com/