Los tipos duros no bailan, declaró Norman Mailer en 1984 y Moltedo se sintió identificado. Dice que los buenos poetas jamás son el alma de la fiesta. Escribe para evitar hablar y si pudiera sería invisible. Pero ahí está su obra, desde 1959 hasta hoy no ha parado de decir. Quiéralo o no, tanto Mailer como él llevan el ritmo por dentro.
Ennio Moltedo tiene un evento al que ir. Es mediados de los años cincuenta y él está en sus veinte. Sale silencioso de su casa en Viña del Mar y camina hacia la Avenida Marina. Una vez allí, mira a su alrededor y luego saca un cigarrillo de su chaqueta. Lo prende y aspira con placer. Nadie que lo conozca a él o a su familia puede verlo fumar. Un cigarro hasta el Cap Ducal y otro hasta Caleta Abarca, piensa, y entre el humo de sus bocanadas observa:- El horizonte es el gran espectáculo. Se amuebla, aparecen cosas, las que tú quieras, cambia todos los días y es gratuito.
Mirar el mar era el máximo panorama del joven Moltedo (1936). Claro, después de la lectura. Cree que empezó a devorar libros para entretenerse, ya que era el único hombre entre sus hermanas y su mamá; su progenitor murió cuando él tenía alrededor de cinco años. Yo hacía una vida muy independiente, tal vez porque me faltaba el padre. Me refugié en el mundo de la literatura y leí como malo de la cabeza días enteros, noches enteras. He sido muy feliz en eso, es como comer pasteles a cualquier hora.
Empezó a escribir a los veintiún años, lo más tarde posible por respeto a los buenos autores. El que lee en forma continua termina escribiendo. Unos podrán publicar más, otros menos, incluso nada. Llegas a un punto que de tanto contenerte terminas escribiendo nada más para ver si eres capaz de alcanzar a esos buenos autores. Y después de seis meses tomas una hoja, lees lo que has escrito y tienes dos opciones: que te pongas colorado y botes la hoja o volverla a guardar un poco más, a ver si con el tiempo sufre algún cambio dentro del cajón.
Nunca se planteó el ser poeta como oficio. De hecho, luego de ir al colegio estudió contabilidad y su primer trabajo fue de junior en una firma inglesa. En los años sesenta llegó a ser gerente de una empresa de gas y a partir de los ochenta se dedica al trabajo editorial. Pero la literatura siempre fue su impulso vital, hay que advertir que muy a pesar suyo:- Leer y escribir son de las funciones más difíciles del ser humano. Si la gente pudiera aprender, vivir, trabajar sin necesidad de leer sería mucho más feliz. Es un sacrificio, un desafío muy grande, un trabajo absolutamente abstracto y solitario. En fin, es un poco triste.

Ennio Moltedo sentado al medio en primera fila
En 1959 mandó unos versos al concurso de la Sociedad de Escritores de Chile. No le contó a nadie. Ganó el primer lugar, que implicaba la publicación de su trabajo, firmado con el pseudónimo de “Clorato”. Cuando Moltedo supo de su triunfo esperó paciente a que se comunicaran con él desde la Sociedad, que quedaba en Santiago. Cuando lo hicieran les iba a anunciar cuál sería su alias; quería ocultar su identidad como Pablo Neruda y Gabriela Mistral, dos grandes de la poesía chilena. Diez días antes de la Navidad le llegó un paquete con veinte libros. En su portada, a plena vista, estaba su nombre real. Y eso no era todo, también tenía título: Cuidadores. A Moltedo le pareció bien escogido, era el nombre del primer poema. Al menos su recién revelada veta poética tendría un buen comienzo.
Desde esa publicación no paró de escribir. Sus mismos amigos le presionaban. Con ellos solía juntarse en el Café Diana de la calle Valparaíso en Viña del Mar, en un edificio donde hoy está la Galería Florida. Entre sus más cercanos se encontraba el dibujante Lukas, a quien conoció como Renzo Pecchenino desde la primaria en el colegio Scuola Italiana de Valparaíso. Eramos grandes cafeteros, buenos para conversar y pasear. El dibujaba y yo escribía para entretener al grupo de amigos. Lo hacíamos en las servilletas del café, nadie andaba con libretas. El único útil recurrente que recuerda eran las lapiceras “tiku” de tinta china, muy populares entre sus amigos estudiantes de arquitectura: Allan Browne, José Manuel Ríos y José Hossiason.
Tres años después de su primer libro publicó Nunca y en 1967 Concreto Azul. Los críticos lo catalogaron como perteneciente a la Generación del 50, junto a Enrique Lafourcade, Jorge Edwards y Claudio Giaconi, entre otros. La principal característica de este grupo es el escepticismo ante la vida. Para Ennio Moltedo no cabe otra posibilidad:- No sabemos nada de la vida. Todo aquello que nos han asegurado ha resultado falso. Yo siempre postulo que no debemos creerle nada a nadie, solamente a nosotros mismos y aún así, dudamos. No creo lo que dicen los profesores ni creo en los líderes políticos; no creo lo que dice la mayoría de los escritores. Creo en algunos; con dos o tres tienes para salvar la vida.
El poeta Constantino Kavafis es uno de ellos. Le ha dado amparo desde su poema La ciudad, que siempre lleva consigo. No hallarás nuevas tierras; no hallarás otra mar. La ciudad te ha de seguir- escribió Kavafis. Quizá por eso Moltedo nunca ha querido viajar. Dice que no es necesario, que lo conoce todo a través de lecturas y documentales. Prefiere plasmar su entorno en la poesía, darle categoría poética al material y al revés. Un motivo fundamental de mi obra es la ciudad donde vivo, sus problemas o su belleza. Valparaíso tiene la riqueza del rincón, del paisaje, de las cosas insólitas.
Pero Moltedo también se ha preocupado de tener un planteamiento ético constante en sus creaciones: la defensa de la verdad y la libertad.
Se cree que la libertad está en echar un garabato. No sé si está ahí; sí en decirle a una persona equivocada que está equivocada, y eso es lo que nadie hace. Los únicos que pueden decir la verdad son los creadores, especialmente los que escriben, porque el músico y el pintor se pueden escapar un poco, pero el escritor no: o lo dice o no lo dice.
Moltedo postula que el rol del artista en la sociedad es ser crítico. El modelo económico nos obliga a todos a andar de zapatillas y todos se sienten contentos salvo los que estamos en la barrera de lo creativo. En su último trabajo de 1999 titulado La noche hace una crítica a los poderes totalitarios. Hoy se encuentra trabajando en la historia reciente de Chile, la dictadura y la vuelta a la democracia. Estas dos etapas están muy relacionadas todavía, no se han aclarado muchas cosas que son gravísimas y no se quieren aclarar tampoco. Y ahí yo creo que los escritores tienen una gran responsabilidad y veo que todos tratan de esconderse.
Se está demorando en escribir –dice- pero también lo ha disfrutado como nunca, a pesar de que el oficio del poeta esté destinado al fracaso:- No va a rendir nunca nada, es sólo la satisfacción de haber hecho lo único que podías hacer. Yo encantado hubiera hecho otra cosa, pero no pude. A los jóvenes, cuando aparecen por aquí, les digo:- Si ustedes pueden dejar de escribir, dejen de escribir. Estudien, sigan una carrera, sean buenos hombres, pero no escriban o van a caer en un estado de desesperación. Porque si no escribes ¿qué haces?, no hay nada que hacer y nadie te paga por escribir. Pero Moltedo no puede ignorar lo inmutable, el fatum del que lleva en sí la poesía:- Pero si tú no puedes resistir el escribir, si tratas de no hacerlo y sin embargo lo necesitas, porque es más fuerte que tú, entonces hazlo, pero no digas que no te advertí.
Lo cierto es que con todo lo desesperante que puede ser la escritura, lo hace feliz. Si no escribo, leo- dice Moltedo. Y cuando vas a un buen autor, mejor que tú, quedas maravillado; no te importa nada, si tiembla, si hay un incendio, si se viene abajo el mundo, que haya o no haya plata en la caja fiscal. Nada te importa. Ahí está lo mejor del hombre.
Y en su obra está lo mejor de Ennio Moltedo, el tipo rudo que no baila, pero que postula fidelidad a la manera propia de sentir el ritmo de las palabras. Al igual que cuando era adolescente y en plena tormenta se aferraba a una baranda con ambas manos para recibir –y resistir- las olas del mar, el poeta se agarra de sus convicciones para escribir sin tapujos sobre su realidad circundante:
dejemos a los pajaritos y a las flores tranquilas, la poesía también es densa.
Por
Montserrat Madariaga
ENTREVISTA a Ennio Moltedo
OBRAS DE MOLTEDO
POESIA
Cuidadores - 1959
Nunca - 1962
Concreto azul - 1969
Mi tiempo - 1980
Playa de invierno - 1985
Día a día - 1990
Regreso al mar - 1994
Las cuatro estaciones (plaquette) - 1996
La noche – 1999
CRONICA
Neruda: poeta del Cerro Florida - 2006
SOBRE MOLTEDO
Café invierno. Conversaciones con Ennio Moltedo. Luis Andrés Figueroa - 2007