Bastías y su plumón son inseparables. Desde pequeños dibujan juntos. Crearon a Sam Kudo, el zancudo de los comentarios audaces que lleva veinticinco años en el diario La Estrella. Les gusta provocar la sonrisa mental, aquella que apenas asoma pero es cómplice. Cuando Bastías habla el plumón completa las frases con un mono. Quiero morir con el plumón en la mano- dice el primero. Se entiende.
Oficina del Jefe de Publicidad del diario El Mercurio de Valparaíso. Música clásica. Un diploma por un curso de caricaturas e historietas con fecha 1954. Dibujos enmarcados colgando de la pared. Diarios abiertos sobre el escritorio, Bastías escribiendo meticulosamente en una agenda. Letra chica, ordenada y cuadrada. A las cinco de la tarde se retira a su casa. Entonces empieza la real faena: esperar a que aparezcan las ideas para el próximo Sam Kudo y el mono, como le llama, de la página editorial de El Mercurio porteño.
Lo primero para intentar hacer humor es ponerse serio- dice Bastías. Es una contradicción, te pones serio y las ideas van llegando. Necesita estar solo para ello. Antes anota los titulares de las noticias; no le interesa lo literal, sino interpretar el sentir general de las personas frente a un hecho. Y espera. La mayoría de las veces se le ocurre el chiste, pero otras se pone el tarro en la cabeza y no le queda otra que rendirse. El mejor premio que puede tener alguien que trabaja en esto, es esa sonrisa, llámale mental, que no alcanza a llegar a los labios, pero que dice qué ingenioso. Después de leer el mono, éste puede resultar obvio, porque Bastías no inventa: capta y exhibe. He leído bastante de humor y la conclusión a la que llego es que más que hacer reír su fin es hacer pensar. Pensar lo que ya está en el aire.

Rubén Bastias
El dibujo le atrajo desde niño. En el colegio le encargaban recreaciones del aparato digestivo o lo que se necesitara; en las Fiestas Patrias hacía afiches para vitrinas, para las Glorias Navales dibujaba La Esmeralda[1] y para Semana Santa a Jesús crucificado. Reconoce que de alguna forma siempre apuntó al dibujo periodístico porque sus temas eran los del acontecer, al igual que hoy.
Desde chico quise ser dos cosas: dibujante y payaso; creo que he conseguido ambas- dice Bastías. Cuando tengo preocupaciones, abro mi caja de cosméticos, me pongo la nariz roja, me pinto la cara y me amparo en la ley del circo, la función tiene que seguir. Le resulta. Se concentra en el dibujo y muchas veces le da rabia terminarlo porque significa volver al problema. Sus monos son su refugio.
A los 19 años entró al diario La Unión de Valparaíso; necesitaban un ayudante en el Departamento de Arte. Le tocó rellenar con tinta china los dibujos que hacían otros. En una de las estadías de las Fuerzas Unitas en la ciudad, dos de sus marinos visitaron el diario y preguntaron quién podía hacerles una caricatura. Bastías dijo:- Yo. Al otro día, en portada de la misma publicación se lucía el nuevo dibujante haciendo lo suyo. De ahí en adelante me encargaron caricaturas.
Sus ambiciones gráficas se ampliaron al diseño y la publicidad. Diseñó para Ambrosoli, Chile Tabacos y Costa, todas grandes empresas. Luego tuvo una agencia de publicidad con tres amigos entre los que se encontraba Renzo Pecchenino o Lukas, el dibujante más conocido de Valparaíso. Ha dado charlas en escuelas de diseño sin haber estado nunca en una (no existían en ese entonces).
Entre tanto seguía haciendo monos con su lápiz plumón. Lleva más de cuarenta años colaborando en distintas publicaciones de la empresa El Mercurio. Uno de los acontecimientos que lo marcó fue el fusilamiento de los apodados psicópatas de Viña del Mar. Los asesinatos partieron en 1981 y Bastías debía hacer retratos hablados de los cuerpos de las víctimas. Cuatro años después los dos hombres hallados culpables serían fusilados. Allí estuvo él. El recinto era igual a un set de televisión, estaba todo iluminado y había un gendarme grabando. Los periodistas esperamos toda la noche hasta las seis de la mañana. Cuando los fusilaron hice los bocetos y me fui al diario rápidamente. En el proceso sintió adrenalina, hasta que vio la palidez de la muerte, entonces se estremeció. Sus dibujos fueron portada y en la calle todos querían escuchar la historia del fusilamiento. Le preguntaban con naturalidad si acaso había sido cierto. Hoy día los retratos cuelgan enmarcados de la pared de su oficina.
Pero Bastías es más conocido por sus personajes y dibujos editoriales. El primero fue Sectarión, publicado en el diario Tribuna a principios de los setenta. Representaba al típico hombre de la Unidad Popular que actuaba con mucha prepotencia y arrogancia- dice su creador. Llegó el Golpe Militar y Sectarión desapareció al igual que su diario.
Sam Kudo, en cambio, lleva veinticinco años con vida. Sus antepasados vivieron la época de La Chueca, el suplemento humorístico que tuvo el diario La Estrella desde 1979 hasta 1986. Bastías hacía las portadas y el 31 de enero del 79 Rafaella Carrá[2], de visita en Chile, se cambió de hotel al O’ Higgins de Viña del Mar, colindante al estero Marga Marga. Dibujó a unos zancudos merodeándola y celebrando la llegada de su nueva vecina. Desde entonces acostumbró a trazar estos insectos parlanchines que darían vida a la historieta diaria de Sam Kudo.
Llega un momento en que los personajes dominan al creador. Cuando hago el Sam Kudo soy punzante, no irreverente pero audaz; para el mono de El Mercurio pienso de otra manera. Es una crítica más reposada- dice. Bastías nunca está conforme, siempre es el próximo dibujo el mejor. Acarrea una libreta y duerme con un block bajo la almohada (y su plumón, por supuesto). Tiene más de 10 mil creaciones guardadas, sin contar los envases originales que diseñó. Soy muy ordenado, explica. El humor es cosa seria. De hecho Bastías firma con su apellido, no quiso ponerse un pseudónimo porque considera que el dibujo periodístico y la caricatura son también una opinión.
Si tuviera que hacer un mono sobre Valparaíso y sus habitantes, lo primero que se le viene a la mente es que hay un intento por alejarse de la capital. La cercanía con Santiago nos ha ido bajoneando[3]. Después se me ocurre que dependemos mucho de cómo le va al Wanderers[4] y, tercero, es el cariño entrañable que sienten los porteños por ser porteños.
A Bastías le gustaría recuperar el espíritu de lucha y creatividad de los habitantes de Valparaíso de principios del siglo XX. Por lo pronto, seguirá haciendo lo suyo, dando la pelea desde su cuadrilátero de papel, acompañado de su colega el lápiz plumón.
